Carta de un militar a su esposa
Cada día, me imagino, que se mandarán miles de cartas de
militares a sus familias, a sus esposas sedientas de noticias suyas. Aquí
imagino cómo sería una posible:
Ante todo, decirte que estoy
enamorado de ti. No he emprendido este viaje sin ti, no, te llevo aquí, en un
rincón de mi maleta; entre las mantas en las que bordaste mi nombre y en una
foto tuya. Sabes que esto no ha sido voluntario, más bien necesario. No me
quedaba otra. No ha pasado ni un solo instante desde que me llegó el comunicado
que no haya pensado cómo traerte aquí. Pero desechaba una y otra vez la idea,
esto no te gustaría; créeme. No te gustaría ver las sonrisas cansadas de los
niños que pujan por renacer en sus rostros con vanos esfuerzos, no te gustaría
ver que las películas de guerra no son tan ficticias como la gente cree. Aún
así, tómate esto como unas ''vacaciones'', estoy fuera de casa y tengo todo
tipo de servicios a mi disposición, cariño. Si te das cuenta dije que sólo
conservaba una foto tuya cuando te dije que traía más de veinte, pues es
cierto, sólo tengo una; ¿que qué pasó con el resto? Están rotas. No quería ni
siquiera ver cómo tus ojos en papel contemplan esto. Sólo he dejado una en la
que estás de espaldas. Sí, sería demasiado cruel dejarte ver esto. El papel se
está humedeciendo, no ceso de llorar mientras que te escribo esto; se me olvida
tu cara. Se me olvida besar tus labios, se me olvida el número de tu casa, se
me olvida el sabor de tu tarta de chocolate, se me olvida qué canción cantabas
para dormirme, se me olvida incluso tu cándida voz. Esto ha sido la pelea más
dura, luchar contra el olvido, pero lo siento, ha abierto una herida mi
memoria. Aquí el tiempo se pasa rápido, vertiginoso; casi dura tan poco como
las armas cargadas. Me conoces bien, no soy capaz de dispararles. Espero a mi
suerte cuando ellos aprientan el gatillo, entonces, esquivo. En esos momentos,
en el roce de la bala con el aire vislumbro en una nebulosa de recuerdos todos
nuestros momentos. Ahí es dónde de verdad veo con claridad tus rasgos, y aún
estando al borde de la muerte, es el momento que más me gusta, porque me siento
a tu lado. Creo que tú desde ahí eres la que me da el impulso definitivo para
seguir con vida, creo que tú eres más valiosa que un amuleto de cuatro hojas.
Pero has de saber, que algún día volveré. Nada dura para siempre, una guerra
menos. Te lo juro, volveré a por ti, sólo has de esperarme. Cada día siéntelo
como que pudiese aparecer en cualquier momento, porque será una visita
inesperada. No sé de qué forma estaré a tu lado, si como tu ángel de la guarda
o como tu esposo de cuerpo presente. No sé si podré volar y llevarte en brazos
a Buenos Aires, el viaje que siempre te prometí pero que una vez más te he
fallado; tal vez sea tarde para planearlo. No quiero que llores por mí, es lo
último que espero. Aquí, allí y allá; seré siempre tuyo.
Te quiero.