Caía una tormenta fuerte. Desde que todo terminó, y lo asumí fue en exceso algo extraño. Pase por cosas que ni yo pensaba que existían, de esas mismas que solo ves en cuentos. Tantos sentimientos. Tanto miedo. Cuando él se acercaba yo me alejaba. Y cuando yo me acercaba, él desaparecía. ''Predestinados a encontrarse, condenados a perderse.''Había tenido siempre terror a que eso pase. A que él se vaya, y se lleve todas mis cosas. Paré alrededor de mi cuarto y note que todos los objetos que estaban ahí yacían sin movimiento, sin vida. Que nada me pertenecía. El pecho comenzó a dolerme con fuerza. Lo único que podía escuchar era su voz. Noté que tenía tanto poder, o influencia en mi que me debilitaba. Yo estaba anímicamente destrozada. Empezaron los flashes, el rejunte de momentos en mi cabeza. Uno tras otro. Comenzaron otra vez a carcomerme. Frágil, así me sentía. Demasiado pesada. Mi habitación daba vueltas. Frágil! Me reiteró una voz en mi cabeza. Al fin y al cabo así me hacía sentir. Pestañeaba ya sin ganas y veía lentamente cómo se apagaba todo. Rescostada en el piso, me había dejado vencer por mi propia fuerza. Mi infancia se fundía ante mis tristes ojos. Mientras mis pupilas pedían auxilio mi cuerpo ya no resistía el recuerdo. Había sido demasiado. Cuando creí que lo había superado, apareció ahí, listo para seducirme. Otra víctima.
Solo localicé aquellas muñecas, todas formando una fila y el cántico tétrico de una película de terror. En uno de los pequeños ojos de aquellos juguetes pude contemplar el reflejo de un rayo paralizado en el iris.
No hay comentarios:
Publicar un comentario